jueves, 2 de septiembre de 2010

"Los cuatro jinetes del Apocalipsis de la prensa de América Latina" ( Miguel Ángel Bastenier)

Celia Rosado Romero

La sonrisa era de satisfacción y la mirada serena pero desafiante, camino entre las bancas de un salón de clases ubicado en el segundo piso, para entregar la tarea asignada, era su primera nota informativa. Mientras, el maestro y sus compañeros lo observaban desfilar entre las dos hileras de bancas. El recuerdo lo remonta a la página seis de un periódico local y dice: fue mi primera nota y ocupo las ocho columnas de ese rotativo, todavía guardo la publicación, hoy ya amarillenta; sigo en la brecha tratando de cumplir como si fuera mi primera tarea, afirma con orgullo.

Era la época de Rock and Roll, del Festival de Woodsteck, de los The Beatles, de azarosos acontecimientos de los sesentas, pero también de las fechas que se inauguró el nuevo edificio de la Facultad de Periodismo, la esquina de Arista y Zaragoza en el puerto de Veracruz, se paso de una vieja casona de 5 de Mayo a un edificio propio.

Para los que vivieron, esa temporada estudiantil, fue el parteaguas de su ejercicio profesional. Las enseñanzas basadas en la búsqueda de la información de primera mano, fidedigna, exclusiva, “para la de ocho columnas”, era la exigencia, debería ser el testimonio vivido de un minuto de jornada periodística.

Eran unos cuentos, apenas 13 alumnos los que conformaron la generación 1965-1968, sin embargo, en ese entonces era la generación que mayor número de estudiantes había captado la facultad. Hoy, algunos han pasado a reportear en otras latitudes, otros incrustados en la docencia, otros más en la investigación, pero todos con el sello de lo viejo aprendido en esos salones.

Tiempos diferentes se viven hoy, las generaciones son de cientos de jóvenes ilusionados en incursionar no sólo en los medios de comunicación masivos sino en diferentes áreas de la comunicación. La Facultad de Periodismo se convirtió en Ciencias de la Comunicación, y su filosofía tiene otro enfoque.

Las nuevas tecnologías obligan a dar otra formación a los estudiantes de comunicación. Pensar sólo en la prensa escrita es obsoleto. Se tiene que enseñar a escribir en todos los nuevos medios de comunicación: televisión, radio, Internet. Los periódicos digitales nos acechan continuamente. La discusión se recrudece: ¿desperecerán los periódicos impresos para convertirse en digitales?, ¿el papel quedará en desuso? La historia nos dará la respuesta.

Mientras tanto, los docentes de la facultad seguirán con su tarea enseñar a escribir en periódicos, digital o impresos, consecuentemente interesante es la postura del periodista español de El País Miguel Ángel Bastenier, cuando en el taller impartido bajo la interrogante “Cómo se escribe un periódico” , bajo la organización del FOPI, es contundente al afirmar:

De ese mercado exiguo que hoy existen, hay una necesidad de hacer periódicos baratos de personal mal pagado, pero que, sin embargo, al menos en teoría aspira a hacer todo lo que un periódico de regulares dimensiones hace en el mundo occidental desarrollado: el mismo número y más o menos parecida extensión de secciones desde la actualidad nacional, internacional, política, cultural y económica hasta las necesidades que expresan secciones como por ejemplo sociedad, deportes, espectáculos, entretenimientos y Gente. Y no digo que todo eso no deba hacerse, sino que con los medios con se cuenta no tiene sentido casi nunca hacerlo.

Continúa en su postura: esos periodiquines padecen una grave condición de:1) Declaracionitis; 2) Oficialismo; 3) Hiperpolitización; y 4) Afasia (mudez sobre) del mundo exterior.

Interesante, porque cuando el se refiere al periodismo latinoamericano, cuanta desde luego, México y por consiguiente el periodismo veracruzano. Podemos estar o no de acuerdo con él, pero a pesar de ello vale la pena reflexionar, a partir de su análisis, cómo sino volver a los viejos cánones del periodismo que habla de exclusivas, pero si de un periodismo de investigación, de análisis, con el objeto de apoyar a la toma de decisiones de una población ávida de credibilidad.

Su tesis de basa en la argumentación siguiente:

1) Si tenemos 15 o 20 periodistas para llenar 32 o más páginas formato sábana, está claro que para llenarlas hay que ir a lo fácil. Todo lo que diga casi todo el mundo que tenga algún tipo de autoridad tendrá cabida en esas páginas. Haremos, por tanto, periódicos de lo que la gente dice, que es siempre lo que les interesa que se sepa a los actores del espectáculo supuestamente informativo diario, y no lo que hacen que con gran frecuencia es lo que no quieren que se sepa. Llenar páginas con lo que la gente dice es hacer el periódico que esos personajes quieren, no lo que queremos nosotros y el público verosímilmente demanda. Es lo fácil y lo barato.

2) Esa declaracionitis, única forma de llenar los diarios, nos conduce irremisiblemente a las grandes fuentes locuaces de nuestro tiempo: los funcionarios, los integrantes de la cosa pública, a los que parece que les paguen solo por hablar. Y cuando digo oficialismo ni siquiera me refiero únicamente a personal de Gobierno, sino a todo lo que huela a oficial: cámaras de comercio, corporaciones, consorcios, ONGs, a los que sirven ese maravilloso eufemismo tan colombiano, tan latinomericano que llamamos y se hacen llamar 'periodistas institucionales', que son justamente dos términos que nunca pueden ir unidos. Lo institucional no puede ser periodístico, ni lo periodístico, institucional, sino todo lo contrario.

3) Nada más lejos de mi intención que negar el carácter político de los diarios. Desde siempre y para siempre están y estarán hechos de política y cultura, y aun más de lo primero que de lo segundo, pero el mundo no se acaba ahí. Esos periódicos (virtualmente todos) a los que sólo interesa con alguna urgencia informativa lo político, han olvidado lo que es la vida, y su casi exclusiva preocupación es ese público al que sí interesa prioritariamente la política porque vive de ella, así como a su círculo de servidores o clientes. Pero eso deja fuera a la mayor parte de las clases medias para las que la política existe pero no explica su existencia. Consumo, educación, vida en sociedad, autoayuda, guía doméstica y tantos otros temas, quedan por fuera de los diarios con la consecuencia de que estos, siendo instrumentos insuficientes de cultura, y carentes de todo valor añadido en la interpretación de lo político, tampoco atienden a esas necesidades del que aspira a vivir tanto o más que a votar. Los diarios tienen que ser hoy, en un tiempo en que internet y la televisión ubicua hace que los lectores ya lo sepan todo antes de leer el diario de la mañana, electrodomésticos del hogar; tienen que servir a la vida diaria, ser instrumentos de utilidad cotidiana.

y 4) Finalmente, esos diarios baratos que solo son capaces de contar lo puramente declarativo, oficial y super-politizado, lo ignoran todo del mundo exterior y todo en el mundo exterior ignora su existencia. La España de Franco, la de la dictadura, estaba paradójicamente mucho más informada de cómo era el mundo que en tiempos de democracia lo están la inmensa mayoría de los diarios latinoamericanos. Así no se forma una ciudadanía.

Esos son. He dicho.

Palabras que suenan como una sentencia y advertencia para los maestros de periodismo de cualquier universidad que se jacte de dar a las sociedades profesionales; y también para los dueños de los medios de comunicación que quieren mano barata y exigen buenos resultados.
Habría que pensar como en un anterior escrito señale:

El problema real se centra en la deontología a la que se debe apegar, el periodista, a las reglas que rigen el ejercicio de un oficio o cuando menos a unas reglas “específicas” o ética en particular, a la que hoy en día se muestra como una exigencia, para cumplir con la responsabilidad social que demanda un quehacer profesional

miércoles, 1 de septiembre de 2010

¿Los jòvenes màs hormonas que neuronas?. ¿Serà...?..



Celia Rosado Romero

El bullicio a la entrada de la facultad resultaba ensordecedor, era el inicio del ciclo escolar que daba la bienvenida a maestros y personal docente. La vida cotidiana retornaba a la facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Para algunos era la primera vez que pisaban el Campus Mocambo y sus miradas denotaban asombro y al mismo tiempo incertidumbre de lo que les depará su inclusión en la vida estudiantil universitaria de nuestra Máxima Casa de Estudios

Ellos forman parte de los 20.24 millones de jóvenes entre los 15 y 24 años, de los cuales 10.4 millones son adolescentes y 9.8 millones adultos jóvenes, esto es el 18.7 % de la población mexicana (Conapo),

Su actitud entusiasta ojala responda a su enriqueciendo de conocimientos previos para poder cursar su carrera universitaria con éxito. ¿Cuál es el razonamiento que conlleva a la anterior inquietud? Es la preocupaciòn que año con año inunda a la comunidad docente, que se pregunta: ¿qué tipo de estudiante egresado de enseñanza media será el nuevo estudiante de la Facultad de Ciencias de la Comunicación?

La anterior interrogante emergió, de nueva cuenta, cuando un estudiante de ésta facultad nos envió a varios maestros la siguiente investigación: los jóvenes que se graduarán en las universidades estadounidenses en el 2014 creen que Beethoven es un perro y Miguel Ángel es un virus informático, según el estudio College Mindse publicado por la Universidad de Beloit. El mismo estudio asegura que pocos estudiantes escriben con cursivas porque el lenguaje digital forma parte de su ADN, asimismo, no usan reloj pues sus teléfonos celulares son para ellos sus “relojes”.

Cada año, desde 1998, los profesores de la Universidad de Beloit (Wisconsin) Tom McBride y Ron Nief elaboran, con su encuesta, la lista de 75 referencias culturales que esa generación tiene al ingresar al centro universitario y que los definen como generación. Es así que, al terminar el estudio concluyen que forman “un catálogo de forma de ver el mundo, que cambia a velocidades tremendas con cada generación”.

Desafortunadamente los docentes que forman parte en las entidades educativas de la Universidad Veracruzana desconocen los resultados del examen de ingreso de cada uno de los que habrán de ser parte de su comunidad estudiantil, por consecuencia no se tiene conocimiento de sus referencias culturales.

Tal estudio nos muestra parte de la razón del porqué la educación está en crisis y la necesidad de pensar en la potencialidad de la escuela, en una época donde existen nuevas dinámicas sociales y los flujos tecnológicos son arrolladores.

La Universidad Veracruzana en su nuevo lenguaje habla de una formación permanente y para toda la vida, lo que se dificulta ante los cambios drásticos que sufre la sociedad y la demanda incesante de sus necesidades, así que, fortalecer un bagaje cultural (conjunto de conocimientos que acompañan al sujeto),es imperativo desde que el niño ingresa al sistema educativo, fortalecido durante toda su trayectoria académica, para que al llegar a su formación profesional cuente con un soporte y pueda cruzar de la educación informativa a la educación formativa.

¿Qué se debe esperar de un joven que ha cursado la educación básica y media, en su formación primaria de vida, antes de ingresar a la universidad?, pues que cuente con un conjunto de conocimientos científicos, literarios, artísticos, económicos, etcétera, de pasadas épocas, tomadas globalmente o de su pueblo, por ende, haber sido culturizado (educado) durante esa trayectoria que suman década y media.; nos daría como resultado los conocimiento no sólo de un simple traslado de libros de consulta, sino también importa las propias reflexiones de los que lo lee. Sería una incongruencia no pensarlo.

Es de saberse que la cultura general se adquiere de diversas y muchas fuentes, aunque se supone que gran parte de ellas se aprenden en la escuela y la familia, pero si en esta última no existe un ápice de cultura, es la educación formal quien tendrá el mayor peso.

La maestra Caty Rojas establece: “El hombre no sólo se hizo humano a partir de la evolución biológica (hominización), sino también aprendiendo de los demás en sociedad (humanización). Es por ello que podemos afirmar que son dos las dimensiones que nos han hecho humanos: la dimensión natural o biológica y la dimensión social o cultural”

De ahí, la a necesidad de una visión integral para que los jóvenes consuman y participen en la creación cultural, debe ser prioritaria así como la enseñanza de otras áreas de conocimiento. Menospreciar y marginar a la juventud de su acceso negándoles espacios de expresión o de centros culturales que son vitales para su configuración de identidad social, los hacen presas fáciles para otras culturas que encuentran en medios de comunicación virtuales, y en el peor de los casos en campos delictivos.

A ello, se refiere la doctora en Ciencias Sociales Rossana Reguillo Cruz, investigadora del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO, cuanto plantea que existen dos países cuando de acceso a la cultura para los jóvenes se habla: “Hay un México que es el de los jóvenes que están conectados, que están dentro del sistema y que tienen condiciones de desarrollo cultural, social, económico y educativo adecuados. Y el otro México, mayoritario, está conformado por un ejército de jóvenes para quienes la cultura es un lujo difícilmente imaginable, en la medida que se les ha expropiado, por la vía de los hechos, cualquier posibilidad de manifestarse con respecto a su propio futuro”.

Es más, la investigadora Reguillo es más drástica en sus aseveraciones al cuestionar a las autoridades educativas y a los mismos legisladores y señala contundente: al joven se le ve como un ser lleno de hormonas y carente de neuronas al que hay que mantener entretenido y manejan como estrategias de políticas culturales en sólo la organización de conciertos, no hay una visión integral de lo que significa un equipaje cultural.

Inclusive el ya fallecido escritor Carlos Monsiváis, la Revista de la Universidad de México, se refirió este año a la inclusión cultural como un derecho ciudadano a pesar de que “la cultura no tiene peso específico en el sistema educativo de América Latina y de México”.

Asusta pensar que los nuevos universitarios lleguen a las aulas con esa carencia de información cultural, de ahí que la presidenta del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), Jacqueline Peschard, dice:”la educación y cultura son ejes fundamentales para mejorar el desarrollo y la calidad democrática del país, y a través de ella, se podrá combatir la pobreza y construir una sociedad libre y justa”. De la cual ellos, los egresados de las universidades, son parte de la actual sociedad o los que conformen esa nueva sociedad que se anhela.

A pesar del discurso político expresado en el lenguaje de una calidad educativa, donde se incluye la cultura, la realidad es de una falta de estímulos para enseñar que la cultura es toda una planificación de actividades que le den al estudiante una apreciación de las artes con un objetivo de “utilidad” en toda su vida. Sobre todo, si hablamos de la lectura como la fundamental fuente de enriquecimiento de conocimientos.

Existe un prejuicio entre la población juvenil de tipificar a éste joven como “ñoño” al dar a conocer su inclinación sobre su gusto por la lectura o una habilidad artística, emanado de la falta de un aprendizaje cultural, consecuentemente, se hace necesario una revisión a fondo de lo que se enseña como cultura para hacer una propuesta que vaya más allá de un entretenimiento.

Lamentable será que en el 2010 de festejo del centenario y bicentenario de la revolución e independencia de México, los actuales jóvenes sólo se refieran a una festividad de juegos pirotécnicos y eventos musicales y desconozcan quiénes fueron personajes como Ignacio Allende, Josefa Ortiz de Domínguez o Miguel Hidalgo y Costilla.

Una tarea que quedará pendiente es la de encuestar a estos nuevos estudiantes universitarios sobre sus conocimientos de los dos hechos que marcaron y dieron nombre a México o cuáles son sus referencias culturales de la historia de nuestro país.

¿No les parece?

Para saber que generación estamos educando y sí podemos brindar a la sociedad un grupo de jóvenes con una visión de mejor futuro que le brinde al país lo que tanto demanda: seguridad y justicia social, así como, democracia.

Ya Bertrand Russell decía, un rasgo característico de las sociedades civilizadas es su habilidad para mirar al futuro. Una sociedad que falla en planear de antemano siempre llegará tarde en la solución de sus problemas.

No debemos hacer eco a sus palabras y será mejor que la comunidad docente de la Universidad Veracruzana inicie su planificación y un nuevo escenario de cómo se desea, culturalmente hablando, un egresado, al cambiar de una época basada en la producción industrial a una cuyo bien social primordial es el conocimiento.

No sería ideal dar un egresado de la Universidad Veracruzana que no sólo sea eficiente y eficaz en su competencia sino también, un joven con una cultura general que pueda entender y pueda conversar sobre política, cine, arte, literatura, sobre noticias relevantes en el mundo, historia universal y de México y su relación con la sociedad sea de responsabilidad, de igual manera pueda conversar con casi cualquier persona de casi cualquier nivel socio-económico, y darse a entender.

Ahí queda el reto.