lunes, 5 de abril de 2010

Comunicación y Aprendizaje: Binomio del nuevo paradigma del proceso Enseñanza-Aprendizaje

Por Mtra. Celia Rosado Romero.


En las escuelas primarias para definir una fracción
se corta una manzana o una torta, se la corta
por supuesto por medio del pensamiento
y no en la realidad.

Henri Poincaré



Enfoque generalista de las TIC’s2

En momentos en que el siglo XXI nos alcanzó, presenciamos nuevos desarrollos
de la inteligencia artificial3 que pueden hacernos “más rápidos, más ingeniosos
y excepcionalmente bien informados» La «nueva oportunidad intelectual”, como
una constante innovación que posibilita la capacidad de almacenamiento y tratamiento
de la información se está convirtiendo en un cerebro extra que podemos
cargar en un portafolio, en una mochila o simplemente en el bolsillo.

Lo que nos lleva a reflexionar en la posibilidad de tener un “chip” (circuito
integrado)4 en nuestro propio cerebro. Tales máquinas o dispositivos que a veces
asustan, gracias a la ciencia ficción, y que a veces sentimos como una amenaza,
son los adelantos que la humanidad ha venido desarrollando por milenios. Cuando
arribaron los grabados, los libros, la televisión así como otros inventos, fueron
también considerados una amenaza, pronosticando la desaparición de sus antecesores.
La historia nos ha demostrado lo inexacto que resultó.

La diferencia es que las nuevas herramientas de comunicación como los satélites,
cables de fibra óptica, computadoras, robots inteligentes, están creando
nuevos niveles de asistencia tecnológica, obligándonos a vivir en una “aldea”
–concepto globalizador del mundo– donde nada está oculto y donde debemos
estar preparados para hacer usos de ellas. En tal tesitura, hay quienes aseguran como posible que las máquinas en algún momento nos enseñen, nos auxilien
cuando falte la memoria, además de consentir nuestro intelecto cuando este sea
inadecuado incluso deficiente. (Rodino, 1995).

Tales palabras conllevan a pensar sobre las formas en que esta innovación
ha permitido el avance de la humanidad en todos los ámbitos, sobre todo en el
educativo. Lamentablemente en los países en desarrollo las instituciones llamadas
a promover y gestionar la innovación, han tenido un resultado mediocre en el
proceso de construcción y el dinamismo propio del mundo globalizado, donde la
dimensión social pierde su rumbo en aras de la acumulación de la riqueza.

La cuestión es cómo podemos innovar más y mejor. Hamel y Valikangas (2003)
afirman que las instituciones tambalean cuando invierten demasiado en «lo que
es» y demasiado poco en «lo que podría ser», prospectivamente, las instituciones
innovadoras de hoy serán las más sólidas del futuro. Por lo tanto, se evidencia la
necesidad de promover cambios en el quehacer docente; terreno fértil para una
cosecha de conocimientos a través de una oferta educativa que se fortalezca con
las Nuevas Tecnologías de Información y la Comunicación (TICs.).

Crear un modelo pedagógico requiere creatividad para ubicar al estudiante en
el centro, donde sus ejes sean la comunicación y la tecnología, ambos desarrollados
por una comunidad docente que construya un espacio virtual sistematizado
y adecuado a los diferentes perfiles del aprendiz. Joseph Kmjcik, establece que
la tecnología brinda nuevas oportunidades para enfrentar viejos desafíos en los
campos del aprendizaje y la enseñanza para romper los paradigmas tradicionales.

Se trata de integrar conocimientos y habilidades, de modo tal que cada nuevo
conocimiento confirme los previamente adquiridos sin que puedan quedarse algunos
aspectos que no tengan relación con el anterior. Conocimientos y habilidades
van de la mano y representan el incremento ininterrumpido del nivel de desempeño
del estudioso, mediante el recurso de la tecnología.

Pero esta visión particular se entremezcla con otra perspectiva más compleja.
Por ejemplo, a propósito del análisis experimental del comportamiento Skinner
hacia 1970 ya señalaba que se había producido una tecnología de la enseñanza,
a través de programas, planes y métodos empleados; desprendiéndose la posibilidad
para que el público supiera más sobre «máquinas de enseñar», así como de
una instrucción programada.

Tal perspectiva remonta a los componentes básicos de la tecnología educativa,
definida ésta como: la combinación de la teoría y la práctica para el diseñar, desarrollar,
utilizar, organizar y evaluar los procesos y recursos para el aprendizaje
utilizando la tecnología5. Lo que nos lleva a la elaboración y el diseño de estrategias
de aprendizaje, creando un nuevo paradigma educativo que genera nuevas
expectativas en las instituciones educativas de nivel superior.

Si a esta posición le enmarcamos las concepciones constructivistas de la enseñanza
y el aprendizaje que le asignan primordial importancia a la manera en
que los estudiantes procuran darle sentido a lo que están aprendiendo, dejando
en segundo término la forma en que reciben la información, obliga a la utilización
de la tecnología con eficiencia y eficacia. Bajo el enfoque anterior seguramente
que los aprendices conjugarán el factor «indagación» versus «investigación» para
la construcción de su propio conocimiento. No se debe olvidar entonces, que si
los profesores solicitamos a los estudiantes un trabajo de investigación, debemos
proveerles de esas herramientas para alcanzar sus objetivos, por lo que como
profesores también debemos tener y saber manejar esos recursos.

En este caso, la referencia es hacia la computadora y los medios de comunicación,
dos de los elementos que pilotean la construcción de la perspectiva
educacional virtual a lo que se refiere Martínez (2000), cuando menciona que
actualmente se vive una callada revolución de la información sustentada en la
multimedia, la realidad virtual y la circulación de información en la Internet.

Sin embargo antes de seguir reflexionando sobre conceptos como tecnología
educativa, nuevas tecnologías, proceso enseñanza-aprendizaje y comunicación se
hace necesario puntualizar y clarificarlos para ubicarnos en la misma perspectiva.



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Resultados de evaluación: ¿ruina educativa moral?

Celia Rosado Romero

La educación vuelve a estar en el ojo del huracán, tras los resultados evaluatorios en los alumnos y en la planta magisterial existente en el país. México recibe con asombro las “calificaciones” otorgadas a los aspirantes a una plaza en el sistema educativo básico mexicano; y la de los jóvenes en la prueba “Enlace” (Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares), calificándolas como de colapso educativo y ruina educativa moral.


El objetivo de la prueba era permitir retroalimentar a padres de familia, estudiantes, docentes, directivos y autoridades educativas con información para mejorar la calidad de la educación, promoviendo la transparencia y rendición de cuentas, pero lo único que provocó fue confusión. No se imaginaron las autoridades, que la respuesta fuera de indignación y pusiera en entredicho las políticas educativas de la Secretaría de Educación, y con ello, en evidencia al Presidente de la República.


Es evidente que las autoridades educativas evaden su responsabilidad a través de instrumentos que ponen en duda su efectividad. Para ellos, la evaluación del aprendizaje tradicionalmente está concebida a través del instrumento universal por excelencia: el examen. Las autoridades y aún los docentes, de todos los niveles incluyendo el universitario, no conciben que puedan existir otras vías para conocer el estado en que el alumno e o el profesor, se encuentra en cuanto a conocimientos, habilidades y actitudes.


Josefina Vázquez Mota, titular de la Secretaria de Educación, dice que la prueba Enlace indica: 7 millones 854 mil alumnos, esto es 79.1% de un total de 9.9 millones de alumnos que se sometieron a un examen de aprendizaje, tuvieron calificaciones de “insuficiente” y “elemental”. Significa que no tienen los mínimos conocimientos. Y además, resuelven para cerca de 596 mil (6 por ciento) someterlos a un proceso de revisión ante la posibilidad de que hayan copiado. Igualmente, el 67% de los mentores que participaron en el examen de ingreso no consiguieron el puntaje de aprobatorio para acceder a una plaza de educación básica. Sumados los resultados, ponen en entredicho las políticas educativas que hasta ahora, han demostrado ser erróneas.


No existen programas efectivos, tanto para la capacitación de los profesores como para mejor la calidad de los educandos. En éste arribo a la globalización, persiste una confusión de las políticas educativas, no hay un camino. Es notorio, que preparar las nuevas generaciones para los retos y desafíos que enfrentarán en ésta nueva sociedad del conocimiento, ha pasado a segundo término y las declaraciones oficiales están más dirigidas a dar óptimos resultados a los organismos internacionales que a brindar una planificación al rezago educativo que padece el país.


La insensibilidad de las autoridades al reclamo de la sociedad para que sus hijos asistan a las escuelas oficiales, es una realidad. Es sabido del notable déficit de planteles educativos en zonas marginadas y rurales que dejan fuera a infantes. Es más, es del conocimiento de los funcionarios que en muchos de los casos, existen niños y jóvenes asistiendo a clases en galerones y en demanda de “claves”, otorgadas por la Secretaria de Educación, para oficializarlas.


Las mismas autoridades reconocen que pese a los esfuerzos realizados, el censo de 2000 mostró que, de un total de unos 20 millones de niños y jóvenes de 6 a 14 años de edad, alrededor de un millón sigue fuera de la escuela; aunque en términos relativos se trata de un 5%, la cifra absoluta es importante.


Tal afirmación se corrobora al extremo de que más de 86 mil profesores buscan la base y la SEP sólo ofertó 6 mil 275 plazas para toda la República, en lugar de mandar a estos maestros a donde la demanda es real. La sobreoferta de docentes se debe a una falta de capacidad o de voluntad del gobierno para generar las plazas correspondientes. La falta de espacios educativos es innegable.


De tal suerte que el gobernador Humberto Moreira Valdés, quien es profesor y miembro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), dijo que está de acuerdo con la prueba para que los docentes consigan trabajo de base, “pero el asunto del examen de oposición fue un engaño, una vacilada lo que se hizo a los profesores porque son muy pocas plazas” (El Universal).


Ante esto, resulta claro que la factibilidad de un verdadero rescate de la educación pública en el país depende, en todo caso, de la suma de esfuerzos por mejorar al normalismo en México, no por desaparecerlo, Una auténtica visión de Estado en materia de enseñanza demanda una reorientación general de las prioridades por parte del gobierno federal y de las administraciones estatales, así como de un robustecimiento de las finanzas públicas a ese sector abandonado por años. (La Jornada).


Si tal situación la trasladamos a la educación universitaria no encontraremos diferencias, la realidad es la escasez de espacios para una demanda que rebasa a la oferta, ejemplo fidedigno es la Universidad Veracruzana que este año acepto sólo al 40% de los aspirantes. Esto es, de los 34 mil 500 demandantes ingresaron aproximadamente 15 mil jóvenes sin considerar los mil 600 que tuvieron la aceptación gracias al “error técnico” del Ceneval.


Pero, a pesar de ello existe un déficit del casi 60%, de los cuales algunos no podrán continuar sus estudios por su condición económica y otros se inscribirán en las universidades privadas corriendo el riesgo, como ha señalado el rector Dr. Raúl Arias Lovillo, de ocupar espacios sin el reconocimiento oficial, es decir las tipificadas como “universidades patito”.


En la actualidad, de cada 100 personas que inician su educación formal, sólo 35 terminarán la preparatoria o una carrera técnica, y sólo ocho de ellos logran terminar una licenciatura, “lo que nos hace ver que la educación aún no es consolidada”, denuncia el rector de la Universidad del Valle de México (UVM), César Morales Hernández.


El reclamo de la sociedad, al sistema educativo universitario consistente en que se ofrezcan oportunidades que permitan hacer corresponder las aspiraciones individuales de los estudiantes con las necesidades y posibilidades reales del país, queda así frustrado. El reto, de procurar una formación profesional que brinde una preparación adecuada al egresado para un mercado de trabajo cada vez más complejo, diverso y cambiante, no se cumple.


Tratar de culpar a los maestros, de todos los niveles, de la devastación del sistema educativo es la salida fácil; la lógica oficial es asumir una política de abandono. El fin, no sólo es de trasladar a los particulares las responsabilidades del Estado, sino además, crear oportunidades de negocio para estos, al uníso generar mano de obra barata que haga al país atractivo para las inversiones extranjeras.


Todo se reduce a cumplir las demandas de las políticas internacionales que han estado ahogando al país y pretender pulverizar las aspiraciones de alumnos y maestros por mejorar, tanto la formación de unos como de los otros. No existe congruencia en los objetivos que se pretenden para brindar calidad en la educación, y al mismo tiempo, mejorar la formación de los maestros.


Es necesidad urgente una reforma de fondo para que las instituciones educativas sean un medio clave para construir un país culto, democrático y que sea el pilar de un despeje económico que se pensaba sería a partir del 2000 cuando ingresa al mundo político del país otro partido. Lograr un equilibrio requiere vencer las fuertes resistencias al cambio del enorme sistema que en la década de los años 80 ya fue descrito como un paquidermo reumático.


Si bien es cierto, la experiencia de las últimas décadas de reformas educativas permiten apreciar que las estrategias institucionales toman como premisas de insumos: disponibilidad de textos, tiempo dedicado al aprendizaje, infraestructura escolar, relación alumno-docente, etc., es necesario reconocer el andamiaje ético que debe prevalecer en busca de otras categorías de análisis para modificar la evaluación de la comunidad educativa.


Es imperante buscar el cambio desde un enfoque curricular, formación docente, estrategias de enseñanza-aprendizaje y la integración de equipos profesionales en las instituciones educativas.


No es posible hablar de reforma educativa sino se toma en consideración aspectos subjetivos que revelen las verdaderas necesidades de las políticas, sesgar el análisis del campo educativo desde el punto “evaluativo tradicional” deja fuera fortalezas que pueden ser rescatas y perfectibles, para asumir un compromiso en actitudes y procedimientos pedagógicos técnicamente eficientes, sólo así se podrá dimensionar y vencer prejuicios anquilosadas dentro de nuestras políticas educativas.


Hay que decirle no a la visión de ofertar mano de obra barata como principal ventaja económica, ya que de ser cierto, el continente africano sería “muy rico”, sentencio el rector César Morales Hernández, e insistió en la necesidad de trabajar en la proyección y formación de profesionales que también sean capaces de aportar soluciones a los problemas nacionales. Creo que nadie estaría en desacuerdo con él.


El espectro de las posiciones, prioridades y recomendaciones de cada nivel educativo tiene un camino largo que recorrer y no se suscriben a “un examen”, eso debe de quedar perfectamente claro.

Respeto a la educación, no al recorte presupuesal

Celia Rosado Romero[1]


Frente a un panorama incierto, la educación superior pública en México, enfrenta otro descalabro: la reducción de 800 millones de pesos de los 7,180 millones al recorte presupuestal anunciado por el Secretario de Hacienda y Crédito Público, Agustín Carstens. Así las 128 instituciones públicas de educación superior afiliados a la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) recibirán menos, equivalente al 1%, según expresión del Secretario de Educación, Alonso Lujambio Irazàbal, minimizando la cantidad y tipificándola como “ajuste”.


Lo que no se dijo, es que sin la reducción actual, al subsidio, por parte del gobierno mexicano a la educación, lo que se destina, de por si, es insuficiente. Se requiere cuando menos una cantidad similar para cubrir el rezago existente, en otras palabras, habría que duplicar los recursos y garantizar el financiamiento a las instituciones públicas de educación superior para ingresar a lo que siempre se aspiro y está legislado: educación gratuita para todos los mexicanos.


El financiamiento en los últimos 30 años ha tenido un funcionamiento errático lo que ha preocupado y alarmado a la sociedad mexicana, dado que la actual época se ha convertido en una sociedad basada más en el conocimiento, pasando del paradigma de la sociedad industrial a la de sociedad del conocimiento, enfrentando a los jóvenes a retos abrumadores y complejos.


El mercado laboral cada día más constreñido (400 mil personas perdieron su empleo en lo que va del año) asusta a los jóvenes. Se les exige mayor preparación y capacitación pero se cierran los espacios en los centros educativos a todos aquellos cuyos ingresos familiares no pueden dispones de cantidades que van desde los 3,000 hasta los 7,000 pesos mensuales para cubrir las cuotas que imponen las universidades privadas. Parecería que el estado se ha olvidado de su responsabilidad frente a la educación superior.


Desde el inicio de este sexenio el presidente Felipe Calderón Hinojosa destinó al sistema educativo 4.5 millones de pesos menos que lo destinado en el sexenio de Vicente Fox, su propuesta sigue apuntando a la privatización de la educación propiciando el crecimiento de centros de educación superior que hoy ya son 1,422 en el país, que en datos de la ANUIES captan el 39.6% de la oferta educativa. Lo que significa que en la última década pasó del 18 % al casi 40% gracias a una clase media de mayores recursos deseosa de darles a sus hijos una “mejor” preparación. Pero, que en la actualidad, ha desparecido gracias a la recesión económica propiciada por los malos manejos financieros de los últimos gobiernos.

Convirtiendo la educación en un verdadero negocio pues de 735 universidades privadas en 1999 hoy en el 2009 crecieron en un 100%, beneficiándose de los más de 2 millones de jóvenes, que cada año, quedan fuera de aulas universitarias de instituciones públicas. Tan solo en el estado de Veracruz, hubo 33 mil 863 aspirantes a la Universidad Veracruzana. Aproximadamente 15 mil jóvenes anualmente no ingresan a Nuestra Máxima Casa de Estudios, además anunciando que probablemente no podrá crecer en espacios para nuevos estudiantes; teniendo el Gobierno del Estado de Veracruz, como política, buscar otras alternativas que ofertar como es el programa Clavijero.


Todos conocemos la situación económica por la que atraviesa el país, resultado del desplome del sistema económico internacional, pero esa no es la excusa para que el gobierno mexicano deje sin educación a miles de jóvenes. Textos y textos escritos por especialistas donde se hablan de los riesgos sociales y los riesgos de conflictos ha provocarse con las medidas de recortes.


No hay que olvidar como en el estado dos jóvenes amenazaron con inmolarse por no haber podido ingresar, después de varios intentos, a la Universidad Veracruzana.


La educación es de trascendencia social, no debe verse como una mercancía a vender, sino como inversión para el crecimiento y como palanca del desarrollo de la nación. El rector de la UNAM, José Narro Robles, establece que la visión gubernamental y sus prácticas hacen pensar que “parecería que se ha perdido el interés por el futuro”.


La única vía que se tiene para salir de esa primitiva visión del sistema educativo, es como señalara en su tiempo de rectoría el maestro Emilio Gidi Villarreal “, transformar a las instituciones en entidades potenciales de desarrollo de nuevos conocimientos y vínculos con la producción nacional e internacional”, lo que no se logrará mientras el gobierno evada su responsabilidad al no apoyar a las instituciones de educación superior.


La interrogante prevaleciente en la comunidad docente: ¿qué México queremos?, sigue vigente desde el siglo pasado, porque la respuesta dada por el sistema gubernamental no satisface a nadie. Otra preocupación es: ¿quién preparará a los cuadros de expertos en las distintas ramas del conocimiento que requiere la sociedad? El gobierno no ha podido consolidarse como un promotor de la cultura y el humanismo al desviarse el rumbo, en forma errónea, en su afán eficientista.


Las prioridades establecidas desde el escenario gubernamental no van paralelas a las de la comunidad universitaria, de ahí que la misma confederación Nacional de Trabajadores Universitarios (CONTU) presentó a los congresistas desde junio del 2008 su propuesta de incremento presupuestal para la educación superior del presupuesto de egresos de la federación para el 2009, conscientes de la importancia estratégica para el país del adecuado funcionamiento de la Universidad Pública.


Ya se había hablado en llegar siquiera al 1% del presupuesto de egresos, lo ideal en estándares internacionales es el 8% del Producto Interno Bruto (PIB), para la educación, pero en lugar de ello, las restricciones siguen. Hoy se confirman con el anuncio del Secretario de Educación poniendo en serios aprietos financieros a las universidades públicas.


Vale la pena recordar lo que la UNESCO dice al respecto: los Estados deberían asumir que en un planeta globalizado el conocimiento y la información definirán la competitividad de una nación, “y por lo tanto, incluso pese a la recesión mundial, debe haber claridad sobre dónde se puede reducir los recursos, y en qué casos no conviene hacerlo”, afirmó Carlos Tünnermann Bernheim, miembro del comité científico de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco).(La Jornada 19/08/09)


La esperanza está centrada en los 500 legisladores de las distintas fracciones parlamentarias, de los cuales 22 son veracruzanos ( 19 del PRI y 3 del PAN), para decir un No a los recortes al renglón de la educación y ser más escrupulosos en las partidas para beneficios de las altas esferas de funcionarios, así como, para la transparencia del gasto federal.


Al convertirse el Partido de Acción Nacional en partido de gobierno, el discurso es sobre la claridad de la administración pública, sin embargo no hay congruencia entre el discurso y los hechos. El despilfarro en beneficios para sectores de la administración son denunciados cotidianamente, por tanto, la sociedad no entiende, ni la comunidad universitaria, como no hay “ajustes” para esas partidas, pero si para el pilar del crecimiento del país: la educación.





[1] Docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Universidad Veracruzana

El ensayo: la realidad indagada con intuición

Por Mtra. Celia Rosado Romero .


El concepto real del ensayo oscila ente la visión sistemática y la intuitiva. El ensayista aborda un problema esperando descifrarlo a través de una asociación de ideas, puntos de vistas de autores diversos, e incluso de áreas de conocimiento distintas al problema mismo. Para ello tiene como guía e instrumento, el razonamiento y la intuición[1].


El término ensayo viene del latín tardío exagium, es decir, el acto de pensar algo. Relacionado también con ensaye, que quiere decir prueba o examen de la calidad de los metales. Tanto pensar como probar son rasgos esenciales del ensayo. Una definición más clara al respecto la tenemos del diccionario Webster, que nos dice que un ensayo es “la composición literaria breve que trata de un solo tema, por lo común desde el punto de vista personal y sin intentar ser más completa.”


La diferencia del ensayo con otros géneros no es la brevedad de su contenido ni la falta de aparato erudito, sino el rasgo personal, propio del sujeto, del cual consiste y además lo sugiere la palabra misma ensayar, entendiéndola como probar, examinar, reconocer y explorar terrenos nuevos de conocimiento.

El ensayo es algo más que una simple exposición de conocimientos, de ordenación de datos, cualesquiera que éstos sean. Es la proyección de una idea nueva, revisada sobre aquello que se considera acabado. El ensayo arriesga a romper con esquemas ya establecidos, para tratar de darle otra perspectiva u otro punto de vista que involucra finalmente otro sentido. El ensayo abre una ventana, remueve al ser, lo perturba, lo pesa, lo cuestiona, lo pone a prueba, lo mide y su componente principal es LA DUDA.[2]


Entre algunas características principales que debe contener un ensayo están: la variedad y libertad temática (aspecto por demás interesante que recuperamos en el Ensayo Personal), prueba, hipótesis, originalidad, ciencia (Uno de sus propósitos es explorar mas a fondo la realidad), madurez (experiencia intelectual), tono polémico, subjetividad, estilo, entre otros. (Souto, Arturo: 1973).


El ensayo por tanto es un texto que sirve a los docentes para dar a conocer sus investigaciones al público en general, sin tener que llegar a foros educativos. Esto es, permite al autor brindar a la sociedad sus indagaciones en su competencia sin el rigorismo de los textos indexados.


El ensayo cumple una tarea esclarecedora ya que va desde la exposición de información documentada y el análisis de la misma; a partir de una perspectiva crítica con el libre juego de las ideas acompañada de una libertad del lenguaje. El ensayo quiere decir intento, y eso son las ideas que se plasman en un texto que quiere argumentar y poner en la mesa una visión nueva acerca del asunto.[3]


¿Cuál es la ventaja? No se impone límites de espacio ni de tiempo y pueden ser las revistas y los suplementos de los periódicos los escaparates para su publicación.


Para el personal docente es un texto original, pues aún cuando aborda un problema conocido, la visión novedosa del autor, hija de la libertad del pensamiento, le brinda la originalidad al ser construida bajo la perspectiva personal, que puede ser de su área de competencia o de otra.


Asimismo, este tipo de texto brinda la oportunidad de actualidad dado la característica de su oportunidad. Si se tiene un avance en una investigación puede darse a conocer como un conocimiento parcial.

Igualmente, puede ser motivo de discusión con pares, brindando al autor la posibilidad de discusión para aportar nuevos datos a su trabajo.

Otra manera de ver el ensayo es permitir observar las modificaciones en la forma de pensar del sujeto, y utilizarlo como elemento de reflexión, de su experiencia, de sus valores, intercambios simbólicos, correspondencias afectivas, intereses sociales, etc. (Giméno, José: 1996).


Elaborar esto trae consigo un compromiso muy fuerte que todo investigador debe asumir y es que en el trabajo de la investigación el sujeto debe recuperar teorías, las maneje y después las devuelva a sus orígenes con una producción propia.


Las universidades públicas tienen como Aquiles, su debilidad en la poca publicación de sus docentes. Una demanda de las instituciones superiores a sus comunidades es dar a conocer sus conocimientos a través de textos; demostrando a la sociedad porque son consideradas fuentes de la construcción del conocimiento.


El ensayo da la oportunidad de responder a esta demanda. No es necesario ser un experto en redacción, basta que se tenga clara idea de lo que se quiere dar a conocer y organizar las ideas para que fluyan y se construya el texto. Basta defender una tesis a partir de argumentos. No se trata de un mero informe de opiniones sin fundamentos, se requiere de un proceso de argumentativo, tenemos que dar razones de nuestras afirmaciones.


Si analizamos el párrafo anterior para el docente, investigador o no, es el pilar de su trabajo, pues reflejara la posición personal del autor como parte fundamental de su quehacer en le proceso enseñanza-aprendizaje. Por lo tanto, no es novedoso para el maestro el ensayo. Infinidad de veces ha construido textos que responden a un esquema sencillo: introducción, desarrollo y conclusiones.


En la primera parte expone el problema a trabajar y la hipótesis del mismo. Desarrollo es el cuerpo argumentativo, la parte central del ensayo, donde se recurre a diversos caminos ( técnicas argumentativas) y que sirven para sostener la tesis. En la conclusión se reafirma la hipótesis inicial, se hace un repaso del recorrido realizado.


Para el lector los ensayos son un placer de la literatura porque mediante ellos, de forma clara y sencilla, los alimentan de conocimientos, algunos nuevos y otros que reafirman su particular perspectiva, otorgando con ello la importancia de este tipo de escritos y su razón de ser.



[1] Edgar Liñán Ävila.(2001)”Géneros Periodísticos”.Ed. Porrúa.

[2] Mtro. Víctor Manuel Alvarado Hernández.”El ensayo y otros tópicos de la escuela”.Unam

[3] Roger Bartra, “Juego de Cartas”, entrevista en Macrólis, p.26