lunes, 5 de abril de 2010

El ensayo: la realidad indagada con intuición

Por Mtra. Celia Rosado Romero .


El concepto real del ensayo oscila ente la visión sistemática y la intuitiva. El ensayista aborda un problema esperando descifrarlo a través de una asociación de ideas, puntos de vistas de autores diversos, e incluso de áreas de conocimiento distintas al problema mismo. Para ello tiene como guía e instrumento, el razonamiento y la intuición[1].


El término ensayo viene del latín tardío exagium, es decir, el acto de pensar algo. Relacionado también con ensaye, que quiere decir prueba o examen de la calidad de los metales. Tanto pensar como probar son rasgos esenciales del ensayo. Una definición más clara al respecto la tenemos del diccionario Webster, que nos dice que un ensayo es “la composición literaria breve que trata de un solo tema, por lo común desde el punto de vista personal y sin intentar ser más completa.”


La diferencia del ensayo con otros géneros no es la brevedad de su contenido ni la falta de aparato erudito, sino el rasgo personal, propio del sujeto, del cual consiste y además lo sugiere la palabra misma ensayar, entendiéndola como probar, examinar, reconocer y explorar terrenos nuevos de conocimiento.

El ensayo es algo más que una simple exposición de conocimientos, de ordenación de datos, cualesquiera que éstos sean. Es la proyección de una idea nueva, revisada sobre aquello que se considera acabado. El ensayo arriesga a romper con esquemas ya establecidos, para tratar de darle otra perspectiva u otro punto de vista que involucra finalmente otro sentido. El ensayo abre una ventana, remueve al ser, lo perturba, lo pesa, lo cuestiona, lo pone a prueba, lo mide y su componente principal es LA DUDA.[2]


Entre algunas características principales que debe contener un ensayo están: la variedad y libertad temática (aspecto por demás interesante que recuperamos en el Ensayo Personal), prueba, hipótesis, originalidad, ciencia (Uno de sus propósitos es explorar mas a fondo la realidad), madurez (experiencia intelectual), tono polémico, subjetividad, estilo, entre otros. (Souto, Arturo: 1973).


El ensayo por tanto es un texto que sirve a los docentes para dar a conocer sus investigaciones al público en general, sin tener que llegar a foros educativos. Esto es, permite al autor brindar a la sociedad sus indagaciones en su competencia sin el rigorismo de los textos indexados.


El ensayo cumple una tarea esclarecedora ya que va desde la exposición de información documentada y el análisis de la misma; a partir de una perspectiva crítica con el libre juego de las ideas acompañada de una libertad del lenguaje. El ensayo quiere decir intento, y eso son las ideas que se plasman en un texto que quiere argumentar y poner en la mesa una visión nueva acerca del asunto.[3]


¿Cuál es la ventaja? No se impone límites de espacio ni de tiempo y pueden ser las revistas y los suplementos de los periódicos los escaparates para su publicación.


Para el personal docente es un texto original, pues aún cuando aborda un problema conocido, la visión novedosa del autor, hija de la libertad del pensamiento, le brinda la originalidad al ser construida bajo la perspectiva personal, que puede ser de su área de competencia o de otra.


Asimismo, este tipo de texto brinda la oportunidad de actualidad dado la característica de su oportunidad. Si se tiene un avance en una investigación puede darse a conocer como un conocimiento parcial.

Igualmente, puede ser motivo de discusión con pares, brindando al autor la posibilidad de discusión para aportar nuevos datos a su trabajo.

Otra manera de ver el ensayo es permitir observar las modificaciones en la forma de pensar del sujeto, y utilizarlo como elemento de reflexión, de su experiencia, de sus valores, intercambios simbólicos, correspondencias afectivas, intereses sociales, etc. (Giméno, José: 1996).


Elaborar esto trae consigo un compromiso muy fuerte que todo investigador debe asumir y es que en el trabajo de la investigación el sujeto debe recuperar teorías, las maneje y después las devuelva a sus orígenes con una producción propia.


Las universidades públicas tienen como Aquiles, su debilidad en la poca publicación de sus docentes. Una demanda de las instituciones superiores a sus comunidades es dar a conocer sus conocimientos a través de textos; demostrando a la sociedad porque son consideradas fuentes de la construcción del conocimiento.


El ensayo da la oportunidad de responder a esta demanda. No es necesario ser un experto en redacción, basta que se tenga clara idea de lo que se quiere dar a conocer y organizar las ideas para que fluyan y se construya el texto. Basta defender una tesis a partir de argumentos. No se trata de un mero informe de opiniones sin fundamentos, se requiere de un proceso de argumentativo, tenemos que dar razones de nuestras afirmaciones.


Si analizamos el párrafo anterior para el docente, investigador o no, es el pilar de su trabajo, pues reflejara la posición personal del autor como parte fundamental de su quehacer en le proceso enseñanza-aprendizaje. Por lo tanto, no es novedoso para el maestro el ensayo. Infinidad de veces ha construido textos que responden a un esquema sencillo: introducción, desarrollo y conclusiones.


En la primera parte expone el problema a trabajar y la hipótesis del mismo. Desarrollo es el cuerpo argumentativo, la parte central del ensayo, donde se recurre a diversos caminos ( técnicas argumentativas) y que sirven para sostener la tesis. En la conclusión se reafirma la hipótesis inicial, se hace un repaso del recorrido realizado.


Para el lector los ensayos son un placer de la literatura porque mediante ellos, de forma clara y sencilla, los alimentan de conocimientos, algunos nuevos y otros que reafirman su particular perspectiva, otorgando con ello la importancia de este tipo de escritos y su razón de ser.



[1] Edgar Liñán Ävila.(2001)”Géneros Periodísticos”.Ed. Porrúa.

[2] Mtro. Víctor Manuel Alvarado Hernández.”El ensayo y otros tópicos de la escuela”.Unam

[3] Roger Bartra, “Juego de Cartas”, entrevista en Macrólis, p.26

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