viernes, 27 de junio de 2014

Tolerancia y respeto para todos (primera parte)

Desde el rincón

Tolerancia y respeto para todos (primera parte)

Celia Rosado Romero 
En días pasado leí la columna de Arsenal , publicada en el periódico Excélsior, sobre el actuar del senador José María Martínez sobre su postura y la de su partido político en contra del aborto, los matrimonios gays y la adopción por personas del mismo sexo, con expresiones que los perredistas calificaron de “fascistas”.
A decir del autor de la columna textualmente dijo: “Tenemos que cerrar la puerta ya a algunas entidades, a algunos políticos que están pensando más en modas y tendencias, incluso que nos han llevado a pensar en la muerte”
Tan de moda hablar de discriminación- observemos la protesta de la FIFA por el epíteto utilizado cuando el portero toma el balón- este funcionario utilizando la tribuna instiga a la Comisión Ordinaria de la Familia y Desarrollo Humano, en su calidad de titular, para una persecución contra esos grupos y sus demandas.
Como también por las mujeres que deciden por el aborto voluntario.
Lo que este senador debe desconocer que numerosas organizaciones feministas y de mujeres de diversas organizaciones civiles destacan las consecuencias del aborto- clandestino- en la salud de las mujeres y concientizar al Estado con sus parlamentarios que la penalización del aborto no disminuye su práctica.
Es condenable para la sociedad que mujeres abandonen a sus hijos –en las puertas de casas o de instituciones- o se los “encargue” a la abuelita, tía y se desentienda de sus retoños. Sin embargo, si hay razones, lo que no son justificables para esa sociedad. Ambas partes, mujeres y sociedad, están en una lucha perene por empotrar sus razones.
Ana María Pizarro miembro de la organización nicaragüense SI MUJER, lanzó al ciberespacio los resultados de un estudio de la situación de la mortalidad materna, la legislación sobre el aborto, la influencia de los cultos religiosos sobre el tema y las causales por las que el aborto es permitido en algunos países.
En México, dice, el aborto es la tercera o cuarta causa de muerte materna y constituye el 25 por ciento de los ingreso del Hospital General de la Ciudad de México, donde si es permitido el aborto bajo asistencia médica, a partir de agosto del 2000.
Bajo la legislación mexicana la Constitución señala “todo hombre es libre de profesar la creencia religiosa que más le agrade”, no incorpora la defensa de la vida desde la concepción, como el senador argumenta para condenar la practica abortiva.
El debate nacional sobre el aborto no ha dejado de ser tema, a pesar de la lucha de miles de mujeres en defensa de su “cuerpo”.
Una arista que se ha tratado de problematizar es la parte de responsabilidad que tiene el varón en el proceso de concepción de otro ser y desde luego en el proceso de formación.
Si bien es cierto, ya existe una mayor rigurosidad en la legislación para obligar al hombre en su responsabilidad, la mayor carga de penalización es para la mujer.
En un “Desde el rincón” titulado: Responsabilidad compartida en el aborto ¿qué hacer con el hombre que no asume su responsabilidad? escribimos.
Ante una sociedad confundida por el desorden económico, social y político imperante, hablar del aborto es enfrentar la furia de los congresos de los estados del país que junto con la mitra, legislaron para penalizar el aborto, y desde luego, con la jerarquía eclesiástica.
Además, de una sociedad que no escucha razones, que ve como solución el encarcelamiento de las mujeres, como si así, se resolviera las muertes de miles de mujeres que abortan en condiciones insalubres y la angustia de otras, por no saber que hacer ante un embarazo no deseado.
No pretendo en erigirme como defensora de los derechos de la mujer sobre su cuerpo o utilizar otros argumentos para inclinar la balanza en cualquiera de las dos posturas: pro o contra el aborto, pero no se puede cerrar los ojos ante el rezago educativo, falta de acceso a los servicios de salud, a la seguridad social, alimentación, vivienda y a la calidad de espacios de casas-habitación, que señala el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).existentes en México, donde la mujer embarazada debe salir adelante.
Dónde queda entonces la responsabilidad del varón para hacer frente a una mujer embarazada que se le sataniza, a la que se concentra la total carga para salir adelante; aunado a centrar en ella la “culpabilidad” de salir embarazada por no “cuidarse”.
Es por ello que me atrevo a escribir sobre el tópico, no en la postura de la defensa ni la aprobación del aborto, sino porque la realidad golpea de frente a los miles de casos de adolescentes que las coloca en tal situación.
Antes de legislar a esos senadores y diputados debería de salir a la calle y enfrentar la cotidianidad que viven miles y miles de mujeres, en este México tan dado a enjuiciar sin brindar soluciones.
A cuáles casos me refiero, en la segunda parte, describo lo que una estudiante de tercer periodo de la licenciatura me pregunta: ¿Maestra que hago estoy embarazada? 

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